Satirica

Hacer trampas en cualquier tipo de juego, es de las cosas más indecentes, mezquinas y miserables que se puede hacer. Entre otras cosas, porque en un juego o deporte, las reglas no te son impuestas, sino que las aceptas conscientemente en pro de que la actividad sea justa y tenga un sentido. Es difícil fiarse de una persona que hace trampas en una simple partida de parchís o jugando a “la galleta entre amigos. Te deja un sabor agridulce. Si no, pensad porque nadie quiere trabar amistad con un mago. Ser muy competitivo puede llegar a ser un poco cutre en según qué circunstancias, pero vamos a aceptarlo como un rasgo de la personalidad y reconocer que puede avivar un ejercicio recreativo o de competición. Ser un tramposo es algo que rompe la baraja y deja a la actividad sin sentido intrínseco.

Hecha la ley, hecha la trampa

Pero como todo en esta vida, cuando un deporte (o cualquier otra actividad) se vuelve profesional, atrae dinero y, por tanto, se pervierte. La culpa de todo la tiene el capitalismo (y no la pobre Yoko Ono, que bastante tiene con lo suyo). Una vez llegados a este punto, donde la función recreativa de un juego ha perdido toda su razón de ser, hacer trampas puede llegar a convertirse en toda una hazaña dependiendo de lo ingenioso del engaño. Desde la mano de Dios de Maradona a las votaciones del festival de Benidorm, pasando por tu expareja, las trampas están presentes en nuestra vida, queramos o no. Ha llegado el momento de celebrar la existencia de esos araneros ilustres que, con mejor o peor fortuna, nos la han querido meter doblada en algún momento.

Con las manos en la masa

1 - LANCE AMSTRONG: Dos ruedas y un testículo.

Si hay un deporte donde las sospechas de fraude, sobre todo (aunque no exclusivamente) de dopaje, siempre han sobrevolado la competición, ese es el ciclismo. Un grupo de señores en mallas de colores nunca es una buena señal, a no ser que se estén dirigiendo a uno de nuestros bukkakes temáticos anuales. 

Lance empezó su carrera con una historia de superación, lo que le proporcionó la admiración no solo de aficionados al ciclismo, sino también de todas esas abuelas que vieron un reportaje suyo en la revista Pronto. Sin ir más lejos, fue el primer hombre en pisar “La Luna”, una clínica especializada en urología y marroquinería donde le detectaron un cáncer testicular. Le costó un huevo superarlo, pero la experiencia le valió para darse cuenta de que sólo se vive una vez, incitándolo a abrazar los placeres de la toxicología de forma inminente.   

Se asoció con Michele Ferrari, médico y preparador de ciclistas, aunque más conocido por su faceta como narcotraficante, para volver a triunfar en el mundo del ciclismo y de la moda ajustada. El dúo se puso a trabajar a pico y pala, aunque sustituyendo la pala por otro pico, y consiguieron ganar siete Tour de Francia seguidos. Concretamente, seguidos de una denuncia y de la posterior retirada de todos esos títulos. Sin embargo, el ciclista nunca se ha mostrado arrepentido e incluso ha confesado en varias entrevistas que: «Aunque mi cuerpo tenga más agujeros que el guion de Tenet, valió la pena el viaje».

2 - SELECCIÓN ESPAÑOLA DE BALONCESTO PARA LOS JUEGOS PARALÍMPICOS DE SÍDNEY 2000: Soy español, ¿a qué quieres que te engañe?

Bastante raro hubiera sido que el país de la picaresca no se colara en esta lista con uno de los casos más bochornosos de la historia del deporte profesional. La cuestión es que en el equipo de baloncesto de la categoría de discapacitados intelectuales que España presentó para esa cita Olímpica, solamente dos de los deportistas cumplían este requisito. El resto de la plantilla estaba conformada en su mayoría por jugadores de la Liga Española de Baloncesto Aficionado (Liga EBA) (todo apunta a que también eran aficionados a la engañifa) y un periodista, infiltrado en el equipo precisamente para denunciar el caso. 

Al expresidente de la Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales (FEDDI), Fernando Martín Vicente, se le ocurrió que meter a fulanos sin discapacidad en equipos de su federación era una forma elegante y con clase para ganar más medallas y así recaudar fondos para el deporte paralímpico. Era todo por una buena causa. Se conoce que este hombre se beneficiaba de una mentalidad emprendedora y tenía lo que se necesita para triunfar en los negocios: ser muy mala persona.

Sinceramente, este caso es muy decepcionante. Como nación especializada en el embuste, deberíamos aspirar a algo mejor. Nos queda mucho que aprender de otros países como Rusia, por poner un ejemplo. Por eso, desde esta humilde publicación online, lanzamos un llamamiento al Comité Olímpico Español (COI) para que la próxima vez que escojan a deportistas aficionados para hacer trampas, lo hagan en las competiciones ecuestres. Con un buen disfraz de caballo que acomode holgadamente a tres personas y un poco de imaginación, tendríamos una tramoya de categoría. Y aunque nos pillen, porque uno de los caballos está fumando, o lo que sea, siempre será menos esperpéntico que lo de arriba. 

3 - ROSIE RUIZ: Fomentando el transporte público

Rosie era una ciudadana estadounidense de origen Cubano aficionada al fraude y a la estafa que, entre otros logros, fue declarada ganadora del Maratón de Boston por unos días. La mujer había conseguido una plaza en esta maratón, una de las más importantes del mundo, gracias a un tiempo más que decente en la Maratón de Nueva York del año anterior, donde también había realizado un refinado truco de ilusionismo. 

A los de Nueva York ya les había hecho la 13-14 al apuntarse tarde a la competición, pero consiguiendo una acreditación especial, ya que, según ella, tenía un cáncer cerebral. Viendo que los miembros de la organización eran unos incautos que se lo tragaban todo, la señora Ruiz decidió ir un paso más allá durante la carrera. Irónicamente, lo llevó a cabo ahorrando pasos. Se paró a descansar, con tan buena fortuna que lo hizo en un vagón de metro que, curiosamente, se dirigía hacia la parte final de la carrera. La joven se percató, pero al llevar solo un billete sencillo, se tuvo que bajar del convoy, convirtiéndose, minutos después, en la decimoprimera mujer en cruzar la línea de meta. 

Una vez comprobado que las medidas de seguridad en las maratones eran incluso más vagas que ella misma, la atleta se tomó la asistencia a la cita de Boston con aún más tranquilidad si cabe. Pensó, con acierto, que no hacía falta madrugar, comer algo a toda prisa y salir cagando leches perdiendo media mañana. 

En un nuevo acto reivindicativo para con el transporte público, la activista se presentó a menos de un kilómetro de la meta, pero esta vez calculó mal y acabó ganando la categoría femenina. Cuando fue preguntada por lo extraordinario de su resultado, contestó que se había levantado con mucha energía esa mañana. ¡Con dos ovarios!

La joven promesa del deporte se dio cuenta rápido de lo que ya hoy todos sabemos, los deportes de resistencia no tienen sentido ninguno llegados a esta fase de la civilización. Por un lado, un simple ciclomotor recorre 42 kilómetros más rápido que cualquier humano y, por otro, un evento de al menos dos horas con gente de aspecto desnutrido no puede competir con un TikTok de veinte segundos de un gato viéndose en el espejo por primera vez. 

4 - TONYA HARDING: Si no puedes con el enemigo, rómpele las piernas

Durante los primeros años 90, tanto nuestra protagonista, como su compatriota Nancy Kerrigan, habían conseguido llegar a lo más alto del patinaje artístico a nivel internacional, forjando una rivalidad que desembocaría en una relación bastante tóxica. Harding había adquirido fama dentro de este deporte por ser la segunda mujer en la historia en ejecutar un triple áxel en competición (fuera de la competición, este movimiento lleva siglos formando parte de la tradición de los pueblos de la Montaña Palentina, donde las abuelas lo practican en los lagos helados para ahuyentar el mal fario). 

A finales de 1993 Tonya estaba con la mosca detrás de la oreja, ya que veía que su rival venía muy fuerte y podía arrebatarle varios títulos durante esa temporada. Ambas patinadoras tenían planeado participar a principios del año entrante tanto en el Campeonato de Estados Unidos como en los Juegos Olímpicos de Invierno de Lillehammer 1994. Ante esa tesitura, la deportista esgrimió un plan y decidió cambiar su movimiento característico del triple axel al toletazo individual, más concretamente, en la pierna de su adversaria. 

En efecto, Hardings se confabuló con su exmarido y uno de sus guardaespaldas para que contrataran a un tercero, que a su vez delegó la tarea en su sobrino (por esperpéntico que parezca, hasta aquí, todo es verdad) el del pueblo, ya que, según él: «el zagal estaba en paro y se merecía una oportunidad».

El infame incidente tuvo lugar a principios de enero, impidiendo a Kerrigan participar en el Campeonato de Estados Unidos de 1994 y que, gracias a su ausencia, fue ganado sin dificultad por Tonya Harding, tal y como ésta había planeado. Sin embargo, Nancy consiguió recuperarse de la lesión antes de los Juegos Olímpicos, adelantando a su agresora en la clasificación y alcanzando un meritorio segundo puesto. No ganó el oro porque tuvo mala pata.

5 - BORIS ONISHCHENKO: Entre la espada y la pared

Este señor era un deportista soviético que competía en pentatlón moderno. Esta disciplina se llama así para distinguirla del pentatlón grecorromano, un deporte que era algo muy parecido a lo que hoy en día practican los policías antidisturbios (también llamados “piolines” en Cataluña) en las manifestaciones, pero con deportividad, decencia y decoro.

No nos vamos a detener en explicar cuáles son las pruebas del pentatlón moderno, porque no le interesa a nadie y además no nos ibais a creer. Os damos simplemente unos datos, hay caballos, espadas, pistolas y Lycra.  Para lo que nos atañe, es suficiente saber que la primera de esas pruebas es la esgrima deportiva a un solo toque (como las llamadas perdidas de los años 90). Precisamente, es grima lo que nos produce hablar de ciertos “deportes”. 

En 1976 se celebraron los Juegos Olímpicos en Montreal. Para esta ocasión, nuestro protagonista, en vez de afilar su espada, afiló su ingenio, buscando una manera poco ortodoxa de ganar en esta modalidad ( y sí, en este caso se trataba de una espada, que es una de las tres hojas que se utilizan en esgrima. Hay una cuarta categoría, que es la esgrima a pollazo limpio, pero esta no es oficial todavía, aunque muy popular en ciertos ámbitos).

Estando a un paso de las medallas, a Boris le tocó enfrentarse al capitán del equipo británico, que justamente ocupaba la tercera posición, solo una por encima de los soviéticos. Sin embargo, los ingleses, que como ya hemos dicho en otro artículo, se duchan poco, pero son muy avispados, se dieron cuenta de que podía haber gato encerrado. No fue muy difícil, ya que se percataron de que la espada de Onishchenko se había disparado, concediendo así un punto, estando la punta todavía en el aire y muy lejos de la armadura de su adversario. 

En la esgrima de espada eléctrica, cuando la punta del arma se presiona con una fuerza de 750 gramos, hace que se cierre un circuito eléctrico entre esta y el cuerpo del adversario. Cuenta la leyenda que el equipo olímpico soviético se pasó gran parte de la concentración jugando al juego de mesa “Operación”, ya que no había llegado a comercializarse tras el telón de acero. Y fue precisamente durante una partida donde se les ocurrió ocultar un botón en la empuñadura de la espada que les permitía cerrar este circuito sin llegar a hacer contacto real. Lo que no ensayaron bien fue la parte interpretativa de la función y, como en el juego, acabó saltando la alarma. 

6 - MIKE TYSON: Peleando contra la letra "S"

Tyson tuvo una infancia difícil. Además de una familia desestructurada, el pequeño Mike era ridiculizado por su voz aguda y por su sigmatismo, un problema de la articulación que le hacía parecer del mismo Jerez de la Frontera. De ahí nació su afición al flamenco, que luego perfeccionaría dando de palos a todos los que se reían de él. A la edad de 13 años, había sido arrestado 38 veces, casi siempre por esto o por lo otro. Al neoyorquino nunca le había llegado bien la luz a los pisos de arriba, era un caballo desbocado, pero tenía un talento innato para el boxeo.

En 1987 consiguió el título de campeón de los pesos pesados (categoría en la que hoy en día también compite gente extremadamente pesada como Nacho Vegas, por ejemplo) a la tierna edad de 20 años, convirtiéndose en el campeón más joven de la historia en este peso. El de Brooklyn aún sustenta este título, aunque nunca ha podido llegar a entenderlo del todo. El propio boxeador dijo durante una entrevista en el espacio “Saber Vivir” de TVE1 al ser preguntado por ese récord: “¿pero cómo voy a ser viejo y joven a la vez?” tras lo cual se enzarzó en una pelea a manotazos con Manuel Torreiglesias. La televisión pública nunca dio explicaciones. 

Ni el mejor barman ha conseguido nunca hacer un buen cóctel a base de dinero, juventud y estulticia, así que ésta no iba a ser la excepción. La primera gran derrota del boxeador llegaría en 1992, de la mano de un jurado que lo declaró culpable de violación, teniendo que ingresar en prisión hasta ser liberado en 1995. Tras su esperada vuelta al ring, el americano consiguió hacerse de nuevo con el cinturón de campeón, aunque lo volvería a perder en una inesperada derrota ante Evander Holyfield. El equipo de Tyson se quejó de constantes cabezazos por parte de su adversario, dándose cuenta rápido de la progresiva tensión sexual que se empezaba a adivinar entre ambos peleadores. 

Esta tensión no se resolvería hasta el siguiente enfrentamiento, momento que ambos púgiles habían estado esperando ansiosos. El evento, que había creado mucha expectación, se celebró en junio de 1997 en Las Vegas y fue anunciado como “The Sound and the Fury” (el sordo y el Fary). Los tortolitos llegaron rápido a las manos y Holyfield no pudo resistirse a utilizar su roneo habitual, frotando cariñosamente su cabeza contra la de su adversario. Ante los contoneos del atleta, Tyson no pudo más y en el tercer asalto se lanzó a comerle la oreja. Literalmente, primero una y luego la otra. A partir de ahí, viendo que la temperatura estaba subiendo a unos niveles inauditos, el árbitro decidió parar la contienda, viéndose obligados los amantes a continuar el contacto en la habitación del hotel, lejos de las miradas lascivas de los curiosos espectadores.

7 - DIEGO MARADONA: La mano de Dios

Este siempre ha sido un tema difícil de analizar por lo controvertido del futbolista y por las implicaciones políticas que un enfrentamiento, aunque solo sea deportivo, entre Argentina e Inglaterra conllevan. Lo que está clarinete es que Maradona metió un gol con la mano, la que no está permitido en el fútbol, y esa ventaja dio prácticamente a su selección una Copa del Mundo. 

A pocos de empezar la segunda parte de nada menos que una final de un Mundial, a Diego le cae un balón colgado dentro del área, lo que, para los que no sepan mucho de fútbol, es algo bastante bueno. El tema es que Maradona medía 1.66 cm y se enfrentaba a un portero que, además de ser mucho más alto y rubio que él, tenía permitido utilizar las manos, por lo que la única manera de tocar esa pelota era utilizando algún tipo de astucia. 

Con lo que no contaban los Ingleses es que, pese a ser ellos mismos unos tramposos y haber inventado este juego de pelota en cuestión, un argentino cualquiera tenía mucha más práctica llevando a cabo este tipo de pillerías y sobre todo, justificándolas. El futbolista declaró justo después del partido que había marcado el tanto «un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios». Lo demás es historia. 

Desde entonces, la expresión ha pasado a ser parte de la cultura popular, dando a nombre a canciones, a negocios de toda índole e incluso a técnicas de masturbación. La más famosa consiste en cortar el flujo sanguíneo de la mano antes de proceder, para que parezca que el dedo o gayola en cuestión te la está haciendo un ente superior. 

Por su parte, el ídolo Argentino, que ya reconoció en una entrevista posterior que toda la teatralidad de la acción había sido ensayada en encuentros anteriores, siguió utilizando la mano de Dios, tanto para marcar goles como para otras cuestiones más mundanas, como hacer turulos o pegarle a su novia.

¿Qué es la vida sino un trampantojo?

Los párrafos anteriores nos llevan irremediablemente a hacernos una pregunta: ¿son los mejores deportistas de cada disciplina, simplemente los que han sabido hacer más trampas sin que los pillen? Por extensión, esto nos lleva a reflexionar sobre cuestiones tales como: ¿es Messi realmente “muy despistado”?, o incluso, ¿es Michael Jordan siquiera afroamericano? Llegados a este punto, es complicado fiarse de nada. Os queremos dejar también con otra digresión: si en un deporte la mitad de los competidores están dopados, ¿no deberíamos dejar que la otra mitad también se drogara por el bien del espectáculo? O incluso: si estamos alcanzando los límites humanos en algunas disciplinas, ¿no deberíamos replantearnos si la persecución de esos límites tiene algún sentido? Y por último: si la esperanza de vida de los jugadores de rugby o boxeadores es mucho más baja que la media, ¿no deberían los mineros y los pescadores cobrar un poco más? ¡Esperamos vuestras respuestas en los comentarios!